Requiem for Rome

Una busqueda y un encuentro

TRAS LA FIESTA:

Volví a sentirme como un extraño imbécil tras la fiesta de la bella Julii. Seguramente no habría podido ir peor, no conseguí nada más que quedar en ridículo, como siempre… palpando coños sin ser invitado y fracasando en reír las gracias de los señores de la noche.

Toda esa belleza y alegría están totalmente vedadas para un ser patético como soy yo. No consigo entender sus putos movimientos sociales, los giros complicados que siguen sus conversaciones, siempre hay algo que se me escapa y estoy seguro de que la culpa de todo es mi misma falta de inteligencia y comprensión. Pero creo que el origen de esa falta de comprensión viene dado porque ya no puedo sentir nada, desde que me levanté en ese campo lleno de malolientes cadáveres algo continúa muerto dentro de mí y nunca podré restablecerlo. Lo he notado aquí, en medio del desenfreno que no ha conseguido inmutarme.

He perdido el goce por la lujuria y la bebida, e incluso cuando lucho todo es diferente, antes disfrutaba con la violencia desesperada que hacía que cada momento pudiese ser el último, pero ahora estoy maldito por los dioses y nunca podré reunirme con mis compañeros de armas en el Tártaro de Plutón, y el beneplácito de Marte ya no me acompaña en mis batallas. Si soy destruido todo terminará en ese momento, me fundiré en el jodido olvido. Y creo que debería tener miedo a ese vacío, pero hasta eso se me escapa.

He intentado integrarme con mis compañeros y el resto de los asistentes a la maldita fiesta, pero no consigo engañar a nadie, estoy hueco por dentro y ellos lo notan. Los odio por ser capaces de fingir y llevar esas estúpidas sonrisas en sus bonitas caras, por ser capaces de engañarse y jugar a sus dramitas sociales. Son maldita carne muerta y no se dan cuenta.

CIBELES:

¡El éxtasis divino de la danza de sangre, la comunión con la diosa ha hecho que sintiese, que de nuevo fuese parte de un algo mayor conectado con este mundo! Pero creo que éste no es realmente mi sitio, el culto a esta diosa no puede ser lo que busco si sus representantes de sangre son tan jodidamente débiles e indignos (la estúpida hetaira fue capaz de confundirme, que se puede esperar de un culto con una líder así). Pero me ha dado esperanzas comprender que puede haber un camino para mí entre todas estas tinieblas. Necesito encontrarlo…

También he sentido algo de afinidad con mis colegas, pero no sé como clasificarlo. Es importante pertenecer a un grupo, a una legio, necesito estudiarlos para ver si serán unos compañeros dignos o habré de abandonarlos. No encuentro verdadera fuerza en ellos, tal vez el celta sea fuerte físicamente aunque no consigue impresionarme, pero indudablemente ellos me superan en aquello que me falta y es tan necesario en esta maldita Roma oscura: saber lidiar con la puta vieja sangre.

CHRISTÓS:

Está estúpida sectilla ha conseguido enfurecerme, con sus balidos débiles y quejumbrosos… Pero aun así hay algo en su culto digno de mención: adoran la sangre de su dios muerto. Eso es algo a tener en cuenta, pero tanta debilidad me saca de quicio, no consigo imaginarme algo más lejano de lo que busco.

Debo centrarme en intentar mejorar como soldado, esforzarme por ser el mejor en lo que hago, creo que ahí puede haber un camino para que los dioses se apiaden de mi confusión y me muestren un augurio…

VIGILANCIA:

Alguien me ha seguido esta noche. Lo noto en mis entrañas, aunque no consigo definirlo. ¿Será alguien de la sangre? Sí, está claro, ya que ningún humano podría escapar a mi escrutinio. ¿Quién estará interesado en mí? No soy digno de ninguna atención, todavía soy débil y no paro de fracasar en mis intentos de medrar en esta sociedad subterránea. No consigo resaltar en la Legión, sigo siendo un desastre en cualquier intento social… y en este mundo oscuro las apariencias y aquello en lo que soy más jodidamente inepto es lo que realmente cuenta.

Han pasado cuatro semanas de vigilancia nocturna, he decidido plantarme hoy noche de Marte y exigir a mi acechador que de la cara… ¡por Plutón que hoy se resolverá la cosa! ¡Estoy harto de sentir ese aliento en mi nuca, soy un soldado y como tal solucionaré esto con maldito acero y sangre!

No me ha dado la satisfacción de presentarse, he vuelto a quedar como un idiota. Pero no estoy loco ni confundido como a menudo creo, he oído su voz. Me ha susurrado… “Pronto sudra, pronto”.

¿Qué jodidos diablos significa eso? ¡Bah, qué las furias se lo lleven!

Grito mi rabia a la noche.

REVELACIÓN:

Todo ha cambiado.

Estoy alimentándome de un joven patricio con ganas de juerga que ha cometido el error de cruzarse conmigo en un callejón oscuro, cuando tres fantoches aparecen de la nada. Van armados con espadas curvas y dagas de hoja retorcida, son todos barbudos y llevan unos estúpidos pañuelos a modo de tocado enrollados en sus cabezas.

El más alto y grande salta con su sable empuñado a dos manos y carga frontalmente, no es muy espabilado pero la velocidad y lo inesperado de la emboscada hace que solo pueda reaccionar de manera instintiva, golpeando fuertemente su peludo rostro con el puño. Su cara cruje de manera muy satisfactoria, y al recular consigue que uno de sus compañeros (más tranquilo y resabiado) no acceda a golpearme. Pero el otro ya ha clavado una de esas jodidas dagas en mi costado, buscando el corazón. La armadura me salva de daños serios, pero la cosa no pinta bien.

No son simples humanos, son siervos de uno de la sangre, fuertes y rápidos.

No hay tiempo para pensar en nada más, es hora de actuar, desenfundo un gladius con mi zurda y lo clavo en el muslo del hijo de hetaira de la daga, destrozando carne y hueso, pero no tengo tiempo para refocilarme ya que el último cabrón me ha flanqueado y golpea fuertemente con su sable la protección de mi hombro derecho. Para más desgracia, el cabrón de la carga ha escupido sus dientes y se une a la fiesta blandiendo el sable, gritando y escupiendo sangre:
– ¡Shivaaaaa! – berrea el puto, así que hago palanca con el gladius y le lanzo al hombre de la pierna desjarretada intentando crear algo de espacio para desenfundar una spatha más larga y luchar en mejores condiciones. El listo de la derecha consigue esquivar mi lanzamiento desesperado, y me encaja dos golpes más en la cabeza y de nuevo en el hombro, pero ya tengo el arma en juego y me agacho a la vez que le rebano los tobillos con un fuerte golpe a dos manos. Tanta sangre me enloquece un instante, pero salto como un resorte hacia atrás para no perder de vista la situación, a la vez que los barbudos se levantan y posicionan.

No tengo que preocuparme por el que ya no tiene pies, que gime en el suelo mientras que la vida se le escapa, pero los otros dos aunque heridos parecen dispuestos a continuar la fiesta… y de pronto mi espalda es destrozada por algo que tengo detrás. El dolor es espantoso, no he sentido nada igual desde mi “muerte”, y el desdentado lo aprovecha para cortarme limpiamente la mano derecha con spatha y todo por encima de la protección del antebrazo.

La bestia me inunda con su desesperación, y estoy más vivo que nunca. Me giro en un barrido de muñón, rociando de sangre robada el callejón a la vez que cojo cualquier cosa para emplear como arma e intentar reventar a lo que sea que me ha herido en la espalda, pero fallo estrepitosamente, mi enemigo es un individuo bajito, barbudo y chepudo que se ha apartado después de infringirme el daño por lo que el petimetre que tengo agarrado por el tobillo pasa por encima suyo y se estrella contra la pared del callejón con un espantoso crujido húmedo. Los otros dos vuelven a golpearme, pero ya no siento nada y vuelvo a emplear al patricio para machacarles, provocando otro estallido de sangre y destrozando sus huesos en el proceso. Doy una frenética serie de golpes antes de quedarme solo con la tibia del desgraciado entre los dedos de mi única mano, cuando vuelvo a sentir…

Caigo al suelo con la pierna izquierda destrozada, y veo la afilada sonrisa de la pequeña cosa deforme y garruda justo ante mi cara. Me dice algo pero yo ya no entiendo nada, se confía y cree que estoy acabado pero la bestia se abalanza contra él, y le envuelve en un abrazo mortal, mordiendo, desgarrando y clavándole el muñón una y otra vez al bulto. Sus garras no paran de rastrillar, pero no consigue hacer presa con sus dientes, mientras que la bestia le tiene firmemente enganchado del cuello y lo devora y succiona y mastica y tritura…

Y entonces la bestia es elevada en el aire, separada de la sangre vital y enfrentada al horror. ¡Los OJOS de la locura! El pavor atroz destroza a la pobre bestia, que gimotea y hará cualquier cosa para no volver a sentir ese miedo horrible que le ha consumido el alma. Soy yo el que llora sangre, y el que escucha las palabras del terrible ser, vestido y tan barbudo como mis atacantes, pero a la vez tan diferente y espantoso:
- Lo has hecho bien sudra, muy bien romano. Has conseguido derrotar al pequeño Ghurpa, pero no debes cometer el pecado negro. Nuestra amada Devi estará contenta con su nuevo demonio romano, y no debes hacer nada para contrariarla. Soy Kanishka, Ksatriya del imperio Kushán y, como pronto serás tú, ¡un demonio Rakshasa!

Creo que por fin me voy a sentir como en casa.

Comments

Damock

I'm sorry, but we no longer support this web browser. Please upgrade your browser or install Chrome or Firefox to enjoy the full functionality of this site.