Requiem for Rome

3. Sanctified Mass

Año 320.

Ha transcurrido el tiempo, y los personajes están cada vez más intrigados por el culto de los cristianos. Exiliados que ahora buscan refugio de las persecuciones de la superficie y no solo moran en la misma necrópolis que alberga a los Condenados, sino que han emponzoñado las mentes de algunos de ellos, y ahora tienen su propio culto.

Siguiendo una serie de pistas que habían conseguido, recorrieron las zonas más viejas e inseguras de toda la Ciudad Enterrada. Tas un laberinto de estrechos y retorcidos túneles, terminaron llegando a la sala donde se oficiaba la ceremonia.

Apenas una docena de vampiros se arrodillaba en la penumbra de la pequeña y austera sala. Las plegarias fueron cortas y el mensaje divino se dispensó veloz, pues la prisa es vital en estos tiempos de persecuciones y matanzas. El profeta, un deforme de mirada dura y fe inquebrantable, es conocido como Thascius Hostilinus, un devoto cristiano que predica el mensaje de amor y redención de su Dios con la fiereza y carisma de un general al que sus tropas adoran. Su más leal servidora y ayudante, Marciana Longina Rhetrix no le quita los ojos ni un solo instante durante la ceremonia. Es claro que entre los asistentes, la llama divina ha prendido en sus corazones.

Algunos como Sextus Petronius Aquilinus y Titus Severus se enfurecen al acabar la eucaristía y comienzan a increpar a los asistentes. Al final, las tensiones se van agravando pero la troupe prefiere abandonar la sala antes que terminar en un baño de sangre, aunque los ánimos han quedado muy encendidos en ambas partes.

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isgaard

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