Requiem for Rome

Vergilius Ambustus

Después de esa tres veces maldita fiesta de los damaichte* Julii, sus cultos y sus sonrisas que ocultan puñales casi sucumbí al ansia de la bestia que habita en mi interior. Cuando llegué a mi cubil estuve a punto de destruir lo poco que poseo. Solo la idea de hacerles pagar me permitió aguantar. “Pronto, pronto mi brùid*, bestia mía, pronto nos saciaremos en ellos y pintaremos nuestro cuerpo con su sangre”.

Pero antes hay tanto que hacer… Lo primero era conseguir lo que todos esos nobles de altas narices (supongo que para evitar oler su propio hedor) respetaban y entendían: oro.
Comencé a vender mis servicios de mercenario de manera continua. Con mi red funcionado a todos los niveles la sangre corrió por Roma..aunque siempre por un precio. Era importante labrarse un nombre si se quería que este llegase a las orejas de la nobleza. Mi habilidad innata para comunicarme con los animales me permitió acceder a una ventaja sobre mis victimas: gracias a los cuervos y a las ratas (mis confidentes preferidos) podía siempre tener un explorador que me preparaba a mi y a mis mercenarios para deshabilitar sus defensas y acabar el trabajo de forma impecable. Y si algún mercenario era lo bastante listo como para preguntarse como su líder podía conocer cierta información de antemano, siempre se escapa algún tajo mortal en toda refriega. Después de todo alguien tiene siempre que ir el primero.

Aumentando mi fama de cumplir los servicios fui llegando a los clientes nobles, siempre necesitados de alguien que se manchara la manos de forma que nunca les salpicara. Un esclavo huido, una afrenta que lavar, algo que sustraer de su indigno dueño actual, competencia a la que convencer de las maravillas de establecerse en Alejandría o Gadir…

Mi creciente habilidad de comunicación con los animales me llevó a ofrecerle a ese muc glasach* de Macellarius Corbulo un cuervo amaestrado como presente y demostración de “aprecio”, un hermoso y enorme corvis negro-azulado de mirada torva que esperaba le gustase sin tomarse el parecido personal con el carroñero demasiado a pecho. No sé si hizo mella en él ya que su desdén habitual hacia mi no dejó entrever sus verdaderos sentimientos aunque el desprecio estaba claro tanto si el obsequio era de su agrado como si no. Un pútrido Nosferatu mirándome a mi como si yo fuera mierda de buey bajo su sandalia! Juro que un día rajaré sus abultadas tripas y se las haré comer otra vez, a ver cuantas vueltas pueden dar.
Le dejé instrucciones para que su nueva mascota le sirviera de correo, de como hacerla anidar en sus dominios y de como enviarla a sus destinatarios de manera que volviera. Le dije que sería mejor que cualquier paloma mensajera, sobre todo porque mi amigo cuervo pasará primero por mis manos. Solo queda esperar a que ese gordo descendiente de putas estigias lo use.

Por otro lado conseguí por un precio elevado una espada de elaboración caledonia de los mejores artesanos. Su filo con forma de hoja de árbol y una decoración de nudos tallada en el metal a lo largo del espinazo y en la guarda la convertían en el regalo perfecto para mi próxima visita: Victrix.
Acudía con regularidad a los entrenamientos de gladiadora y trataba de entablar conversación con ella ya que era la única que parecía no proferir aversión directa hacia mi. Incluso la habitual incomodidad que me produce el hablar con los patricios en su lengua desaparece con ella. Intentaba buscar en nuestras conversaciones signos de hostilidad hacia sus antiguos amos, de rebelión por parte de otros Gangrels residentes y en general de algo que me permitiera discernir donde yacen sus lealtades. El tiempo dirá.

Fomenté el contacto con otros Gangrel primero debido a que prefiero trabajar con los míos que con mercenarios de otros clanes debido a una extraña afinidad a la hora de funcionar en el campo de batalla o sobre los tejados y callejones. Algo parecido a una manada… eso me llevó a pensar en la fuerza de nuestras sangres y si podrían tener un común denominador. Pagando a eruditos y a escribas he tratado de trazar una línea de sangre común, pero por ahora sin éxito.

Otro contacto que he fomentado todos estos años es con los cristianos. Después de mi primera reunión vi que ellos representaban una buena amenaza para los romanos. Fanáticos sedientos de mas sangre de la que su Señor les pueda dar, discutían abiertamente las leyes romanas… y eso me gustaba. Poco a poco fui siguiendo sus cultos y ofreciendo mis servicios especializados para ganarme su confianza como devoto seguidor del Único y así acceder a sus ritos y a sus reuniones, aunque aún no a las realmente privadas. Me unía en las conversaciones políticas atacando a la tiranía romana, a sus excesos pecaminosos y a su abandono a dioses demoníacos como la propia Cibeles. Una noche, después de invitar a los jarros de vino suficientes como para privar de sentido común a tres de “mis amigos” cristianos más exaltados, les convencí de esperar esa noche detrás de cierto edificio donde “por casualidad” sabía que iba a haber una misa cibelina hasta que unos pocos de sus fieles abandonaron el recinto y fueron brutalmente apaleados por mis buenos amigos. Como les gusta golpear a estos seguidores de Jessuf! No paran aunque su enemigo caiga al suelo, pida clemencia, sea mujer o incluso lleve muerto varios minutos de paliza. Un pago a los bastardos que me ofenden, aunque sean los propios dioses.

Respecto a mis compañeros vampiros, sigo con cuidado sus devenires. Cornelia es quien más me preocupa, por eso siempre tengo un ojo (o varios) sobre ella. Con la frecuencia que me permiten mis acciones mercenarias la visito con algunos presentes en telas, joyas, una hermosa y afilada daga para llevarla escondida y otras bagatelas.

Por ciertas situaciones mi camino se ha cruzado con Sextus pero por suerte no hemos tenido que darnos muchas explicaciones. Dudo que se encuentre a gusto en una legión cada vez mas falta de honor y majestuosidad, siguiendo los designios de gobernantes corruptos. Le hablo de la Guardia Germana, de como tuvieron que acabar ellos mismos con Calígula antes de que este destruyese el Imperio. La rebelión puede ser noble si es en defensa del Estado y si el enemigo el que gobierna. Dudo que tenga mucho efecto sobre él. No parece muy escrupuloso sobre a quien sirve o que hace para ganarse la soldada. Por otro lado, si lo que sigue es al oro, yo mismo empiezo a tener una buena colección.

Titus Severus. Cualquier escaso deseo de hablar con santo glotón se desvanece a la primera bocanada de su fétido aliento. Me gustaría saber que hará él si los cristianos se vuelcan en la destrucción de los infieles. Ya ha habido bastante revueltas en otras ciudades del Imperio con los cristianos llevando el fuego a los templos de los dioses rivales. Creo que si ocurriese en Roma y se viera amenazado, si yo llegase a saber algo de esto, se lo haría saber de inmediato a cambio de su lealtad. La furia de un Nosferatu es digna de ver… sobre todo desde lejos.

A nuestra princesita particular, Julia Aurelia, la he podido ver a menudo en las villas de mis patrones ocasionales, generalmente desde lejos ya que no soy una visita que al parecer guste ser presentada. Después de esa fiesta siempre me quedó la sensación de tener cierta deuda hacia ella, cosa que ansiaba quitarme de encima cuanto antes. La ofrecí mis servicios a precios reducidos e incluso le dí avisos cuando las misiones encomendadas tenían vínculos con ella. Una vez un estúpido pretendiente rechazado por ella me ofreció dinero por violarla yo o uno de mis hombres o todos a la vez, si el petimetre hubiera tenido ocasión de seguir fantaseando su venganza. En mi siguiente visita a Julia le llevé una cajita de cedro con su gogan*. Ahora mi sensación de deuda ha desaparecido y mis ratas campan por su villa ocultas, pero muy alertas.

Y a ti no sé por qué te cuento todo esto si no eres más que un cuervo. Ach, este albañil se había gastado toda su paga en vino! Pero ya está vacío. Hora de buscar otro, si puedo levantarme…

*damaichte: malditos
*brùid : bestia
*muc glasach : cerdo cebado
*gogan: polla

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deroleman

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