Requiem for Rome

Ascender y descender

Ascender

Tras la nueva decepción que fue la carrera de cuadrigas, he tenido que reconsiderar seriamente mis opciones para medrar en la oscuridad. No destaco en nada, y mis nuevos hermanos de sangre esperan mucho de mí, no debo decepcionarlos. Si quiero ser respetado como Ksatriya, debo asegurarme de estar a la altura de sus expectativas.
Y las expectativas de Kanishka son realmente altas.

He decidido empezar a moverme en busca de un puesto de poder en la economía de Roma, un lugar en su entramado comercial que me permita ayudar a los demonios, y a la vez conseguirme influencia entre la estirpe. Voy a hacerme con el puerto de Roma.
Es una empresa complicada y que tal vez me supere, pero no voy a fallar, estoy harto de dejar que mi triste voluntad me impida alcanzar mi potencial. Soy un demonio, soy muerte y pesadilla, pero ahora mismo soy una pesadilla pequeña y llorona, una pesadilla débil que no para de meter la pata y provocar más risa que espanto. Pero eso se acabó.

He comenzado a rondar el puerto, para observar las rutinas nocturnas de sus pobladores y establecer un plan de acción, mis primeras impresiones son que la corrupción de la vieja puta Roma se muestra en todo su esplendor en este pozo de mierda. Hay dos grupos enfrentados por el control directo del tráfico legal e ilegal de mercancías, los mercenarios tracios de Lucio Mento y las ratas de la cofradía Vieja. Las maneras de unos y otros son diferentes, los tracios se basan en la fuerza e intimidación, derramando sangre cuando procede, mientras que los ladrones de la Vieja prefieren el chantaje y el robo para conseguir sus fines. Tengo que estudiar más detenidamente esta guerra encubierta, y resolverla a mi favor.

Después de pensarlo con detenimiento he llegado a la conclusión de que las maneras de los tracios son demasiado parecidas a las mías, así que su puesto en la cadena alimenticia es el mismo que el mío, por lo que deben ser el bando perdedor en la guerra. La Vieja debe ser descabezada y asimilada por su futura utilidad como informadores, pero los hombres de Mento y el propio Mento deben desaparecer, no tienen cabida en mi mundo ya que su puesto lo cubrirán los hermanos legionarios. No va a ser fácil, ya que su número debe rondar la centuria, pero la sangre decidirá.

Las primeras escabechinas me han ido definitivamente bien, hemos eliminado a docenas de los suyos sin que tengan ni idea de lo que pasó, por lo que Mento piensa que sus competidores directos se han vuelto más atrevidos y planea represalias. La gente de la Vieja lógicamente sabe que ellos no están detrás de estas muertes, pero todavía no tienen pistas sobre lo que se les viene encima. Están moviendo sus recursos para intentar situarnos, pero de momento no me preocupan demasiado. Todo a su tiempo. Primero los perros y luego las ratas.

Mento cada vez está más desesperado. Sus hombres desertan o caen, y no ve una manera de escapar del círculo de terror que le he impuesto. Así que ha dado un paso en falso. Normalmente tiene a un abundante séquito de guardaespaldas protegiéndolo, pero hoy ha echado toda la carne en el asador y ha mandado a los tracios que le quedan a limpiar una de las madrigueras de ratas. Normalmente es un hombre duro y valiente, pero el hecho de que no acompañe a sus hombres pone en evidencia el miedo que he logrado acuchillar en su corazón.

Ahora toca arrancarle la cabeza.

Mientras que mis hombres vigilan el transcurso de los acontecimientos en la lucha entre perros y ratas, me cuelo sigilosamente en la casa de Mento. Es una villa seguro sin lujos superfluos, pero yo soy un demonio sombra y me cuelo con facilidad entre sus mermadas defensas. Aquí estoy, en la puerta de su habitación sobre los restos de los dos últimos guardaespaldas. Al ser Mento un hombre valiente, le doy la oportunidad de defenderse y lucho con él cara a cara, sin subterfugios pero sin pamplinas.

Hay que decir que tenía redaños. Tras mirar mi espantosa apariencia solo ha musitado una frase:

- Los putos dioses me odian.

Después ha luchado con fiereza y muerto sin lamentos. Agradezco a mis nuevos dioses, Kali, Durga y Skanda la oportunidad de nutrirme con su sangre. Ahora a por las ratas.

Mis observadores han vuelto con extrañas noticias. Las ratas han diezmado a los tracios que entraron en la guarida de la cofradía. Los tracios iban bien pertrechados y eran soldados fuertes y curtidos. Es muy extraño que hayan perecido de esa manera frente a lo que yo consideraba un grupo de ladronzuelos sin redaños. Algo huele a podrido en este agujero.

Descender

Como quiero investigar esto en persona pero no soy tonto del todo, planeo entrar en el cubil de los ladrones acompañado por alguno de los subalternos silenciosos de Kanishka, en este caso serán Tremal-Naik y Sathish, dos Ksatriyas curtidos en luchas de madrigueras allá en su lejana tierra. Tremal-Naik es una bestia grande y temible, un demonio en toda regla que fue verdugo de una secta de estranguladores antes de unirse a la sangre. Es terrible y repelente, vestido con poco más que harapos, todo él irradia negrura… pero la extraña belleza del pequeño Sathish me atemoriza aún más. Sus rasgos no tienen la marca del demonio, pero al verle no hay duda de que es un rakasha, su aura de maldad infinita le delata.

Después de inspeccionar detenidamente el cubil, decidimos entrar de una manera poco ortodoxa. Cavamos rápida y silenciosamente por encima de uno de sus túneles, y a una señal de Sathish, Tremal-Naik abre el techo del pasadizo y cae como una enorme mantícora sobre la adormecida rata que vigila el sector. El hombrecillo trata de resistirse, pero con un poderoso movimiento de sus gigantescos hombros, el cuello del ladronzuelo se parte instantáneamente. Ni un chasquido delata esta muerte. ¡Por Plutón que es rápido el mala bestia!
Sathish salta encima de la espalda de su compañero y corre vertiginosamente hasta la esquina más cercana, desenfundando una daga retorcida (kriss, se llaman kriss esas dagas envenenadas…) y golpeando prácticamente a ciegas al otro lado del pasillo. Con un movimiento lánguido, casi de amante, acompaña la caída del cadáver al suelo, silenciando cualquier ruido delator.

Nos movemos rápido por los túneles encontrando oposición a la que neutralizamos sin demasiados problemas, cuando nos encontramos de frente con la realidad de la vieja…

Ratas.

Protegiendo la primera puerta que hemos encontrado en el laberinto de túneles, hay dos monstruosidades dignas de los peores hijos de Juno. Son encorvadas criaturas medio humanas, medio roedor, con un aspecto francamente letal y un olor simplemente repugnante. Sathish y Tremal-Naik se miran y comparten algo silenciosamente. Para ellos estos monstruos no son desconocidos. Volvemos a un recodo, y los dos Ksatriyas me miran. Silenciosamente, sus brazos mutan a unas garras letales de aspecto felino, algo así como las zarpas de los grandes gatos (tigres, se llaman tigres…) que emplean en el circo. Sathish se raja el brazo, y me hace señales para que beba de su savia. La sangre es vida. Un escalofrío recorre mi columna, es la primera vez que siento algo tan potente corriendo por mis venas. Tremal-Naik me separa de su pequeño compañero (la bestia casi me domina) sin ningún problema, y los dos vuelven a mirarme fijamente.

No se muy bien lo que esperan.

De pronto siento un picor en mis manos, y al concentrarme en esa sensación de una manera extraña comprendo lo que debo hacer. Mis dedos se curvan y cambian. Ahora tengo garras.

Los dos indios me miran y se sonríen, ahora soy realmente un demonio, un Ksatriya. Un verdadero Rakhasa.

Volvemos a la puerta, y nos lanzamos contra las bestias. Se acabo el sigilo y la sutileza. El combate es tan feroz como terriblemente breve, las bestias son sibilinas y sus dientes emponzoñados dejan espantosas heridas, pero la fuerza combinada con la sorpresa ponen el combate de nuestra parte y éste culmina con Tremal-Naik atravesando la puerta utilizando una rata como ariete. Al otro lado nos espera otra sorpresa.

La Vieja.

En la oscura habitación a parte de un montón de objetos (parece el almacén de un anticuario) hay tres figuras, un hombre-rata enorme, un ladronzuelo de ojos asustados, y una Nosferatu que nos mira con odio.

- Vaya, por fin aparece la fuente de nuestros problemas… rendiros y no utilizaremos vuestros cráneos de…

No la dejo terminar la frase, le lanzo una jabalina al pecho clavándola a la pared, mientras que mis hermanos se lanzan contra el gigantesco hombre-rata. El ladronzuelo solo tiene tiempo de dar un paso atrás para evitar quedar atrapado en la maraña de garras y colmillos que destrozan la sala. Cojo una mesa grande y la pongo contra los restos de la puerta, por que ya se escuchan los gañidos de las criaturas corriendo hacía nosotros. Joder, atrapados entre ratas.

Mis hermanos han despachado al hombre-rata, pero Tremal-Naik parece seriamente tocado. La Vieja se retuerce un poco enganchada a la lanza, pero mi puntería no falló y el asta atraviesa su corazón. La Vieja…

Un tremendo golpe casi consigue apartarme de la mesa que utilizo para bloquear la entrada, no es momento para perderme en divagaciones.

- ¡Si no queréis que despedacemos a esta perra más vale que os estéis quietos joputas!

Los golpes me martillean la espalda unos segundos más, pero la información parece entrar en sus pequeños cerebros. La Vieja es realmente importante para las bestias.

- ¡Tú, enano! – le grito al ladronzuelo – ¿Por qué es tan importante esta hetaira para las ratas?

- Ella nos alimenta, nos da la vida eterna, es nuestra diosa…

Le destrozo la cabeza con mis nuevas garras. No necesitamos más impedimentos para salir de aquí, bastante vamos a tener con cargar con la Vieja. Ahora mismo el puerto es mio pero… ¿lograremos salir de ésta?

Comments

Que grande y que bien desarrollada. He disfrutado mucho leyéndolo.

Ascender y descender
Damock

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