Requiem for Rome

Titus Vs. Cristianos

Titus llegó a su agujero exhausto. No podía dejar de darle vueltas a todo lo sucedido los últimos días. El agotamiento llegó repentinamente a su no ser, apoderándose de su maldita alma. La gran decepción que fue que Julia, a la que todos respetaban y seguían ciegamente, les traicionase, resultó un duro golpe, y la rápida resolución con la que solventaron el problema le abrumó. ¿Qué sería lo siguiente? “Estamos siendo guiados por los Dioses”, se decía mientras el Sol, en el inhóspito exterior, hacía su aparición. “Sus manos manejan los hilos del destino, nosotros no somos más que los personajes de un teatrillo de sombras”.
Al llegar la noche decidí salir a dar un paseo, necesitaba recuperar un poco de la vitalidad perdida. Me di un paseo por lo bajos fondos de la ciudad, a ver si encontraba a algún perro cristiano con el que alimentarme. Ya se había convertido en una costumbre. Son seres inferiores, lo único que se le puede ofrecer con dignidad es una muerte divina, consumidos por el éxtasis.
-¡OH Dios, sálvame de las garras de este demonio! Castígale en las llamas eternas. Jesús nuestro salvador, muéstrame el camino al paraíso, acógeme en el cielo como tu hermano.
- He vivido las suficientes vidas como para poder afirmar que ese Cielo del que habláis, no existe. Hades ya se ha apoderado del olimpo y campa a sus anchas entre nosotros. Nuestros Dioses no nos abandonarán, pero el vuestro os engaña diciéndoos que os salvareis. Estamos ya en el infierno. Para demostrártelo, arderé y te mostraré la verdad. Mis Dioses me acompañan.

Entonces, prendí mis ropajes con la antorcha que se le había caído al cristiano. Ardieron y ardí. Le abracé y, con la cara en llamas, comencé a beber del maná maldito, entre gritos y súplicas que pronto se transformaron en sollozos placenteros. Por supuesto, dejó de rezar. Mis Dioses le poseyeron a través de mi boca. No había otra opción para los infieles.
Mientras todo esto sucedía, percibí una sombra en la oscuridad. Sentía cómo alguien me observaba, alguien familiar, que desde la distancia me observaba con temor. Podía olerlo. Esa infeliz niña que sigue buscando creyendo que algún día hallará LA RESPUESTA, EL PERDÓN. Me destroza por dentro el haberla perdido, su desviación que, tarde o temprano, destruiría a nuestra familia.

Tardé unos días en recuperarme de mis quemaduras. Cuando entro en éxtasis, ni las llamas pueden contenerme. Estoy protegido por los Dioses, estoy tocado por ellos. Soy el elegido, el único que puede organizar un ejército para acabar con los cristianos, el único iluminado que puede mostrar la verdad. No podré dejar de recordad aquella visión. Roma ardía. Y en las llamas, se podían ver las caras de las almas atrapadas en ellas, ardiendo infinitamente. Atrapados por la destrucción y el caos que los seguidores de la cruz sembrarán. Pueden llamarme loco, pero yo estoy en contacto con la realidad que trasciende. El mundo está ciego y necesita unos ojos.

Largos meses dediqué a encontrar la localización de aquel ser al que llamaban mesías. Algo en mi interior me decía que no era los que sus seguidores creen que es. Algo me decía que estaba más muerto que vivo, que era más animal que humano y que, a pesar de estar muerto, seguía vivo.
Recopilé unos cuantos escritos que hablaban de ese tal Jesús, me encerré en la biblioteca con el fin de hallar una respuesta, una pista, algo que pudiese indicarme su punto débil. Tal vez, si les mostrase cuán equivocados se hallaban, si acabase con él como se acaba con uno de los nuestros, tal vez, podría evitar todo ese espectáculo grotesco que el oráculo me mostró.

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Poder, Belleza y gloria eterna.

Venganza. Cruel, deliciosa, insuficiente. Mis amigas. Mis compañeras jamás volverán. ¿Ellas encontrarán descanso? Yo desde luego no. Macellarius Corbulo no ha pagado todavía por su pecado. Para él no hay ni habrá redención ninguna. Pudrirá su insulsa muerte en vida vagando por este mundo, buscando las emociones que le arrebataron cuando perdió su humanidad. Tarde o temprano el destino me proporcionará la oportunidad de hacer justicia. La daga que gentilmente me ha regalado mi buen amigo Vergilius teñirá la noche con su balanza.

Epraxus y yo formaremos la avanzadilla de la nueva generación de Vampiros cristianos. Ellos me han acogido como un igual, me han enseñado sus doctrinas, he encontrado la paz. Cada vez que practico sus rituales me siento más viva. Mi amor por Epraxus sirve de catalizador hacia Dios. Esa energía penetra en mí, me envuelve y aumenta mis sentidos. Noto como los que me rodean me aprecian más bella. Me desean. Su energía me alimenta y me hace evolucionar hacia cotas antes no exploradas.

Puedo ver sus auras sintonizando conmigo. Durante muchas fases éstas se juntan, esa interconexión potencia mis poderes como nunca había experimentado. No se hacia donde me dirijo, pero siento que el camino va en la dirección correcta.

Ahora Epraxus me lleva como acompañante a todas las reuniones de las altas esferas. Sabe que mi presencia despierta deseos en otros vampiros y es un experto en canalizar esa energía. Muchas veces yo acabo entreteniendo a políticos mientras, por otro lado, Él se encarga de otros menesteres más profanos.

Yo ya no participo en los rituales paganos, sinceramente no me aportan nada parecido a lo que siento durante los que realizo en las catacumbas. Sin embargo, percibo que Epraxus disfruta más. A veces reflexionamos a cerca de ambas religiones. Ambos sabemos que la decadencia de Roma se llevará a sus dioses consigo. Pero noto que una parte de él se aferra con fuerza a aceptar esta realidad. Noto que interpreta ambas religiones como una herramienta con la que abastecerse de poder. Desde luego si tenemos que tener un líder sin duda será él.

Durante el día, mis ensoñaciones me conducen hacia una revolución liderada por Epraxus, apoyado por mí conseguiremos salir de las catacumbas y devolver a Roma el esplendor de mejores tiempos. Este mundo dejará de estar liderado por burócratas corruptos y pasará a otras manos más benévolas.

Soy consciente de que mi nueva orientación religiosa generará muchos problemas entre mis fieles amigos. Hemos pasado momentos más difíciles, estoy convencido de que conseguiremos convivir y estrecharemos aún más nuestros vínculos. Tarde o temprano ellos mismo observarán a su alrededor y se darán cuenta de la verdad que he descubierto y la abrazarán del mismo modo que lo he hecho yo.

Mientras tanto, cautela. No mencionaré mi orientación religiosa a nadie hasta que no lo vea absolutamente necesario. Momentos oscuros quedan aún por vivir y no quiero ser una víctima del vacío y el miedo. Si me mantengo alerta mi destino será otro bien distinto.

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Ascender y descender

Ascender

Tras la nueva decepción que fue la carrera de cuadrigas, he tenido que reconsiderar seriamente mis opciones para medrar en la oscuridad. No destaco en nada, y mis nuevos hermanos de sangre esperan mucho de mí, no debo decepcionarlos. Si quiero ser respetado como Ksatriya, debo asegurarme de estar a la altura de sus expectativas.
Y las expectativas de Kanishka son realmente altas.

He decidido empezar a moverme en busca de un puesto de poder en la economía de Roma, un lugar en su entramado comercial que me permita ayudar a los demonios, y a la vez conseguirme influencia entre la estirpe. Voy a hacerme con el puerto de Roma.
Es una empresa complicada y que tal vez me supere, pero no voy a fallar, estoy harto de dejar que mi triste voluntad me impida alcanzar mi potencial. Soy un demonio, soy muerte y pesadilla, pero ahora mismo soy una pesadilla pequeña y llorona, una pesadilla débil que no para de meter la pata y provocar más risa que espanto. Pero eso se acabó.

He comenzado a rondar el puerto, para observar las rutinas nocturnas de sus pobladores y establecer un plan de acción, mis primeras impresiones son que la corrupción de la vieja puta Roma se muestra en todo su esplendor en este pozo de mierda. Hay dos grupos enfrentados por el control directo del tráfico legal e ilegal de mercancías, los mercenarios tracios de Lucio Mento y las ratas de la cofradía Vieja. Las maneras de unos y otros son diferentes, los tracios se basan en la fuerza e intimidación, derramando sangre cuando procede, mientras que los ladrones de la Vieja prefieren el chantaje y el robo para conseguir sus fines. Tengo que estudiar más detenidamente esta guerra encubierta, y resolverla a mi favor.

Después de pensarlo con detenimiento he llegado a la conclusión de que las maneras de los tracios son demasiado parecidas a las mías, así que su puesto en la cadena alimenticia es el mismo que el mío, por lo que deben ser el bando perdedor en la guerra. La Vieja debe ser descabezada y asimilada por su futura utilidad como informadores, pero los hombres de Mento y el propio Mento deben desaparecer, no tienen cabida en mi mundo ya que su puesto lo cubrirán los hermanos legionarios. No va a ser fácil, ya que su número debe rondar la centuria, pero la sangre decidirá.

Las primeras escabechinas me han ido definitivamente bien, hemos eliminado a docenas de los suyos sin que tengan ni idea de lo que pasó, por lo que Mento piensa que sus competidores directos se han vuelto más atrevidos y planea represalias. La gente de la Vieja lógicamente sabe que ellos no están detrás de estas muertes, pero todavía no tienen pistas sobre lo que se les viene encima. Están moviendo sus recursos para intentar situarnos, pero de momento no me preocupan demasiado. Todo a su tiempo. Primero los perros y luego las ratas.

Mento cada vez está más desesperado. Sus hombres desertan o caen, y no ve una manera de escapar del círculo de terror que le he impuesto. Así que ha dado un paso en falso. Normalmente tiene a un abundante séquito de guardaespaldas protegiéndolo, pero hoy ha echado toda la carne en el asador y ha mandado a los tracios que le quedan a limpiar una de las madrigueras de ratas. Normalmente es un hombre duro y valiente, pero el hecho de que no acompañe a sus hombres pone en evidencia el miedo que he logrado acuchillar en su corazón.

Ahora toca arrancarle la cabeza.

Mientras que mis hombres vigilan el transcurso de los acontecimientos en la lucha entre perros y ratas, me cuelo sigilosamente en la casa de Mento. Es una villa seguro sin lujos superfluos, pero yo soy un demonio sombra y me cuelo con facilidad entre sus mermadas defensas. Aquí estoy, en la puerta de su habitación sobre los restos de los dos últimos guardaespaldas. Al ser Mento un hombre valiente, le doy la oportunidad de defenderse y lucho con él cara a cara, sin subterfugios pero sin pamplinas.

Hay que decir que tenía redaños. Tras mirar mi espantosa apariencia solo ha musitado una frase:

- Los putos dioses me odian.

Después ha luchado con fiereza y muerto sin lamentos. Agradezco a mis nuevos dioses, Kali, Durga y Skanda la oportunidad de nutrirme con su sangre. Ahora a por las ratas.

Mis observadores han vuelto con extrañas noticias. Las ratas han diezmado a los tracios que entraron en la guarida de la cofradía. Los tracios iban bien pertrechados y eran soldados fuertes y curtidos. Es muy extraño que hayan perecido de esa manera frente a lo que yo consideraba un grupo de ladronzuelos sin redaños. Algo huele a podrido en este agujero.

Descender

Como quiero investigar esto en persona pero no soy tonto del todo, planeo entrar en el cubil de los ladrones acompañado por alguno de los subalternos silenciosos de Kanishka, en este caso serán Tremal-Naik y Sathish, dos Ksatriyas curtidos en luchas de madrigueras allá en su lejana tierra. Tremal-Naik es una bestia grande y temible, un demonio en toda regla que fue verdugo de una secta de estranguladores antes de unirse a la sangre. Es terrible y repelente, vestido con poco más que harapos, todo él irradia negrura… pero la extraña belleza del pequeño Sathish me atemoriza aún más. Sus rasgos no tienen la marca del demonio, pero al verle no hay duda de que es un rakasha, su aura de maldad infinita le delata.

Después de inspeccionar detenidamente el cubil, decidimos entrar de una manera poco ortodoxa. Cavamos rápida y silenciosamente por encima de uno de sus túneles, y a una señal de Sathish, Tremal-Naik abre el techo del pasadizo y cae como una enorme mantícora sobre la adormecida rata que vigila el sector. El hombrecillo trata de resistirse, pero con un poderoso movimiento de sus gigantescos hombros, el cuello del ladronzuelo se parte instantáneamente. Ni un chasquido delata esta muerte. ¡Por Plutón que es rápido el mala bestia!
Sathish salta encima de la espalda de su compañero y corre vertiginosamente hasta la esquina más cercana, desenfundando una daga retorcida (kriss, se llaman kriss esas dagas envenenadas…) y golpeando prácticamente a ciegas al otro lado del pasillo. Con un movimiento lánguido, casi de amante, acompaña la caída del cadáver al suelo, silenciando cualquier ruido delator.

Nos movemos rápido por los túneles encontrando oposición a la que neutralizamos sin demasiados problemas, cuando nos encontramos de frente con la realidad de la vieja…

Ratas.

Protegiendo la primera puerta que hemos encontrado en el laberinto de túneles, hay dos monstruosidades dignas de los peores hijos de Juno. Son encorvadas criaturas medio humanas, medio roedor, con un aspecto francamente letal y un olor simplemente repugnante. Sathish y Tremal-Naik se miran y comparten algo silenciosamente. Para ellos estos monstruos no son desconocidos. Volvemos a un recodo, y los dos Ksatriyas me miran. Silenciosamente, sus brazos mutan a unas garras letales de aspecto felino, algo así como las zarpas de los grandes gatos (tigres, se llaman tigres…) que emplean en el circo. Sathish se raja el brazo, y me hace señales para que beba de su savia. La sangre es vida. Un escalofrío recorre mi columna, es la primera vez que siento algo tan potente corriendo por mis venas. Tremal-Naik me separa de su pequeño compañero (la bestia casi me domina) sin ningún problema, y los dos vuelven a mirarme fijamente.

No se muy bien lo que esperan.

De pronto siento un picor en mis manos, y al concentrarme en esa sensación de una manera extraña comprendo lo que debo hacer. Mis dedos se curvan y cambian. Ahora tengo garras.

Los dos indios me miran y se sonríen, ahora soy realmente un demonio, un Ksatriya. Un verdadero Rakhasa.

Volvemos a la puerta, y nos lanzamos contra las bestias. Se acabo el sigilo y la sutileza. El combate es tan feroz como terriblemente breve, las bestias son sibilinas y sus dientes emponzoñados dejan espantosas heridas, pero la fuerza combinada con la sorpresa ponen el combate de nuestra parte y éste culmina con Tremal-Naik atravesando la puerta utilizando una rata como ariete. Al otro lado nos espera otra sorpresa.

La Vieja.

En la oscura habitación a parte de un montón de objetos (parece el almacén de un anticuario) hay tres figuras, un hombre-rata enorme, un ladronzuelo de ojos asustados, y una Nosferatu que nos mira con odio.

- Vaya, por fin aparece la fuente de nuestros problemas… rendiros y no utilizaremos vuestros cráneos de…

No la dejo terminar la frase, le lanzo una jabalina al pecho clavándola a la pared, mientras que mis hermanos se lanzan contra el gigantesco hombre-rata. El ladronzuelo solo tiene tiempo de dar un paso atrás para evitar quedar atrapado en la maraña de garras y colmillos que destrozan la sala. Cojo una mesa grande y la pongo contra los restos de la puerta, por que ya se escuchan los gañidos de las criaturas corriendo hacía nosotros. Joder, atrapados entre ratas.

Mis hermanos han despachado al hombre-rata, pero Tremal-Naik parece seriamente tocado. La Vieja se retuerce un poco enganchada a la lanza, pero mi puntería no falló y el asta atraviesa su corazón. La Vieja…

Un tremendo golpe casi consigue apartarme de la mesa que utilizo para bloquear la entrada, no es momento para perderme en divagaciones.

- ¡Si no queréis que despedacemos a esta perra más vale que os estéis quietos joputas!

Los golpes me martillean la espalda unos segundos más, pero la información parece entrar en sus pequeños cerebros. La Vieja es realmente importante para las bestias.

- ¡Tú, enano! – le grito al ladronzuelo – ¿Por qué es tan importante esta hetaira para las ratas?

- Ella nos alimenta, nos da la vida eterna, es nuestra diosa…

Le destrozo la cabeza con mis nuevas garras. No necesitamos más impedimentos para salir de aquí, bastante vamos a tener con cargar con la Vieja. Ahora mismo el puerto es mio pero… ¿lograremos salir de ésta?

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La historia de Titus

Tras aquella deliciosa exhibición que Galla comandó antes Cibeles, mi fé se encendió. Un torbellino de emociones me embriagó el alma que aún queda en mi. Despertó mi ladomás ferviente y pasional. Llevaba demasiado tiempo entre libros, tanto que sentí que perdía la perspectiva. Plutón nos tiene atrapados en sus tierras, pero nuestro castigo fue mucho más allá. Con un pié dentro y otro fuera, andamos en el filo de la vida. Más muertos que vivos, aún sentimos dolor y placer, a niveles de éxtasis. Más dioses que mundanos, pues podemos ver donde otros no ven ni sombras. Pero limitados por aquello que nos domina. Sólo Luna puede guiarnos en esta vida de oscuridad.

DIANA:
Decidí reunirme con los fieles de la diosa Diana a celebrar una ceremonia en su nombre. Para que no nos olvide. Ella nos guía en nuestras noches de cacería, en nuestros oscuros “días”.

Aquel rito pagano me hizo hervir la negra sangre que fluye por mis órganos. ¿Cómo se puede creer en semejante pantomima? Un mortal que guía a los esclavos a través de mar y tierra. UN SOLO DIOS!!! Cómo podría ese Dios suyo ayudar a todos? estar pendiente de todo? Es inconcebible. Paparruchas! Luna nos guiará hacia la sangre de los infieles. Hemos de reunirles con Plutón y su cancerbero, para que les muestren un poco de humildad. Los dioses dictarán su fatal destino hacia las fauces del perro de tres cabezas de hambre insaciable. Sólo su sangre podrá saciar mi sed.
Un día salí a cazar cristianos y (contar experiencia) acabar borracho,embriagado de sangre con alcohol, en una bacanal.

P.D: Estoy escribiendo ahora la historia que quería contar sobre el día de caza y cómo lideró a gran número de vampiros en una revuelta en contra del cristianismo.

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Primer Interludio

A comienzos del Siglo IV Roma se encuentra inmersa en un momento de caos como pocos ha vivido en su historia. El poderoso imperio se encuentra tras mil años de soberanía, dividido nada menos que en 4 pedazos. Cada uno de se encuentra en manos del “legítimo” emperador.

En la lejana Britannia, el emperador Constantino se encuentra enfrascado en una terrible guerra contra las tribus bárbaras de Caledonios, que llaman a esas islas su hogar. Mientras tanto, por todo el imperio la persecución a los cristianos continúa por decreto de Diocleciano, lo que ha forzado a los mártires a esconderse bajo las calles de Roma…

Los años pasan, pero la situación de la tetrarquía se complica. En pocos años ya son 7 los Augustos (emperadores), y la guerra se impone como única forma de reducir el número de aspirantes al trono. En menos de 5 años, la situación política se ha convertido en una Triarquía, Constantino ha regresado al continente y su poder crece cada vez más. Aunque sus victorias contra los Francos, Visigodos y otros bárbaros son bien conocidas, no ha conseguido derrotar a los Pictos en su pequeña isla de poniente.

En 313, se aprueba en Mediolanum (Milán) el decreto que permite a los cristianos la libertad de culto en el imperio mediante una alianza con Licinio, que no solo traerá la reforma religiosa al imperio, sino que reducirá el número de emperadores, y divide el imperio en Oriente y Occidente. Tras los enfrentamientos iniciales, se acaba firmando una frágil tregua, que parece augurar nuevos tiempos de prosperidad, aunque los gloriosos días del imperio ya han quedado muy atrás. Los cambios no han terminado ahí. Aparte de levantar enormes basílicas y aceptar el culto de los cristianos (los rumores dicen que su madre es una firme devota de Christo), su llegada a Roma ha terminado con la supremacía militar de la guardia pretoriana, y ahora muchos de sus antiguos miembros (los que no han sido asesinados), se cuentan entre sus enemigos.

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Una busqueda y un encuentro

TRAS LA FIESTA:

Volví a sentirme como un extraño imbécil tras la fiesta de la bella Julii. Seguramente no habría podido ir peor, no conseguí nada más que quedar en ridículo, como siempre… palpando coños sin ser invitado y fracasando en reír las gracias de los señores de la noche.

Toda esa belleza y alegría están totalmente vedadas para un ser patético como soy yo. No consigo entender sus putos movimientos sociales, los giros complicados que siguen sus conversaciones, siempre hay algo que se me escapa y estoy seguro de que la culpa de todo es mi misma falta de inteligencia y comprensión. Pero creo que el origen de esa falta de comprensión viene dado porque ya no puedo sentir nada, desde que me levanté en ese campo lleno de malolientes cadáveres algo continúa muerto dentro de mí y nunca podré restablecerlo. Lo he notado aquí, en medio del desenfreno que no ha conseguido inmutarme.

He perdido el goce por la lujuria y la bebida, e incluso cuando lucho todo es diferente, antes disfrutaba con la violencia desesperada que hacía que cada momento pudiese ser el último, pero ahora estoy maldito por los dioses y nunca podré reunirme con mis compañeros de armas en el Tártaro de Plutón, y el beneplácito de Marte ya no me acompaña en mis batallas. Si soy destruido todo terminará en ese momento, me fundiré en el jodido olvido. Y creo que debería tener miedo a ese vacío, pero hasta eso se me escapa.

He intentado integrarme con mis compañeros y el resto de los asistentes a la maldita fiesta, pero no consigo engañar a nadie, estoy hueco por dentro y ellos lo notan. Los odio por ser capaces de fingir y llevar esas estúpidas sonrisas en sus bonitas caras, por ser capaces de engañarse y jugar a sus dramitas sociales. Son maldita carne muerta y no se dan cuenta.

CIBELES:

¡El éxtasis divino de la danza de sangre, la comunión con la diosa ha hecho que sintiese, que de nuevo fuese parte de un algo mayor conectado con este mundo! Pero creo que éste no es realmente mi sitio, el culto a esta diosa no puede ser lo que busco si sus representantes de sangre son tan jodidamente débiles e indignos (la estúpida hetaira fue capaz de confundirme, que se puede esperar de un culto con una líder así). Pero me ha dado esperanzas comprender que puede haber un camino para mí entre todas estas tinieblas. Necesito encontrarlo…

También he sentido algo de afinidad con mis colegas, pero no sé como clasificarlo. Es importante pertenecer a un grupo, a una legio, necesito estudiarlos para ver si serán unos compañeros dignos o habré de abandonarlos. No encuentro verdadera fuerza en ellos, tal vez el celta sea fuerte físicamente aunque no consigue impresionarme, pero indudablemente ellos me superan en aquello que me falta y es tan necesario en esta maldita Roma oscura: saber lidiar con la puta vieja sangre.

CHRISTÓS:

Está estúpida sectilla ha conseguido enfurecerme, con sus balidos débiles y quejumbrosos… Pero aun así hay algo en su culto digno de mención: adoran la sangre de su dios muerto. Eso es algo a tener en cuenta, pero tanta debilidad me saca de quicio, no consigo imaginarme algo más lejano de lo que busco.

Debo centrarme en intentar mejorar como soldado, esforzarme por ser el mejor en lo que hago, creo que ahí puede haber un camino para que los dioses se apiaden de mi confusión y me muestren un augurio…

VIGILANCIA:

Alguien me ha seguido esta noche. Lo noto en mis entrañas, aunque no consigo definirlo. ¿Será alguien de la sangre? Sí, está claro, ya que ningún humano podría escapar a mi escrutinio. ¿Quién estará interesado en mí? No soy digno de ninguna atención, todavía soy débil y no paro de fracasar en mis intentos de medrar en esta sociedad subterránea. No consigo resaltar en la Legión, sigo siendo un desastre en cualquier intento social… y en este mundo oscuro las apariencias y aquello en lo que soy más jodidamente inepto es lo que realmente cuenta.

Han pasado cuatro semanas de vigilancia nocturna, he decidido plantarme hoy noche de Marte y exigir a mi acechador que de la cara… ¡por Plutón que hoy se resolverá la cosa! ¡Estoy harto de sentir ese aliento en mi nuca, soy un soldado y como tal solucionaré esto con maldito acero y sangre!

No me ha dado la satisfacción de presentarse, he vuelto a quedar como un idiota. Pero no estoy loco ni confundido como a menudo creo, he oído su voz. Me ha susurrado… “Pronto sudra, pronto”.

¿Qué jodidos diablos significa eso? ¡Bah, qué las furias se lo lleven!

Grito mi rabia a la noche.

REVELACIÓN:

Todo ha cambiado.

Estoy alimentándome de un joven patricio con ganas de juerga que ha cometido el error de cruzarse conmigo en un callejón oscuro, cuando tres fantoches aparecen de la nada. Van armados con espadas curvas y dagas de hoja retorcida, son todos barbudos y llevan unos estúpidos pañuelos a modo de tocado enrollados en sus cabezas.

El más alto y grande salta con su sable empuñado a dos manos y carga frontalmente, no es muy espabilado pero la velocidad y lo inesperado de la emboscada hace que solo pueda reaccionar de manera instintiva, golpeando fuertemente su peludo rostro con el puño. Su cara cruje de manera muy satisfactoria, y al recular consigue que uno de sus compañeros (más tranquilo y resabiado) no acceda a golpearme. Pero el otro ya ha clavado una de esas jodidas dagas en mi costado, buscando el corazón. La armadura me salva de daños serios, pero la cosa no pinta bien.

No son simples humanos, son siervos de uno de la sangre, fuertes y rápidos.

No hay tiempo para pensar en nada más, es hora de actuar, desenfundo un gladius con mi zurda y lo clavo en el muslo del hijo de hetaira de la daga, destrozando carne y hueso, pero no tengo tiempo para refocilarme ya que el último cabrón me ha flanqueado y golpea fuertemente con su sable la protección de mi hombro derecho. Para más desgracia, el cabrón de la carga ha escupido sus dientes y se une a la fiesta blandiendo el sable, gritando y escupiendo sangre:
– ¡Shivaaaaa! – berrea el puto, así que hago palanca con el gladius y le lanzo al hombre de la pierna desjarretada intentando crear algo de espacio para desenfundar una spatha más larga y luchar en mejores condiciones. El listo de la derecha consigue esquivar mi lanzamiento desesperado, y me encaja dos golpes más en la cabeza y de nuevo en el hombro, pero ya tengo el arma en juego y me agacho a la vez que le rebano los tobillos con un fuerte golpe a dos manos. Tanta sangre me enloquece un instante, pero salto como un resorte hacia atrás para no perder de vista la situación, a la vez que los barbudos se levantan y posicionan.

No tengo que preocuparme por el que ya no tiene pies, que gime en el suelo mientras que la vida se le escapa, pero los otros dos aunque heridos parecen dispuestos a continuar la fiesta… y de pronto mi espalda es destrozada por algo que tengo detrás. El dolor es espantoso, no he sentido nada igual desde mi “muerte”, y el desdentado lo aprovecha para cortarme limpiamente la mano derecha con spatha y todo por encima de la protección del antebrazo.

La bestia me inunda con su desesperación, y estoy más vivo que nunca. Me giro en un barrido de muñón, rociando de sangre robada el callejón a la vez que cojo cualquier cosa para emplear como arma e intentar reventar a lo que sea que me ha herido en la espalda, pero fallo estrepitosamente, mi enemigo es un individuo bajito, barbudo y chepudo que se ha apartado después de infringirme el daño por lo que el petimetre que tengo agarrado por el tobillo pasa por encima suyo y se estrella contra la pared del callejón con un espantoso crujido húmedo. Los otros dos vuelven a golpearme, pero ya no siento nada y vuelvo a emplear al patricio para machacarles, provocando otro estallido de sangre y destrozando sus huesos en el proceso. Doy una frenética serie de golpes antes de quedarme solo con la tibia del desgraciado entre los dedos de mi única mano, cuando vuelvo a sentir…

Caigo al suelo con la pierna izquierda destrozada, y veo la afilada sonrisa de la pequeña cosa deforme y garruda justo ante mi cara. Me dice algo pero yo ya no entiendo nada, se confía y cree que estoy acabado pero la bestia se abalanza contra él, y le envuelve en un abrazo mortal, mordiendo, desgarrando y clavándole el muñón una y otra vez al bulto. Sus garras no paran de rastrillar, pero no consigue hacer presa con sus dientes, mientras que la bestia le tiene firmemente enganchado del cuello y lo devora y succiona y mastica y tritura…

Y entonces la bestia es elevada en el aire, separada de la sangre vital y enfrentada al horror. ¡Los OJOS de la locura! El pavor atroz destroza a la pobre bestia, que gimotea y hará cualquier cosa para no volver a sentir ese miedo horrible que le ha consumido el alma. Soy yo el que llora sangre, y el que escucha las palabras del terrible ser, vestido y tan barbudo como mis atacantes, pero a la vez tan diferente y espantoso:
- Lo has hecho bien sudra, muy bien romano. Has conseguido derrotar al pequeño Ghurpa, pero no debes cometer el pecado negro. Nuestra amada Devi estará contenta con su nuevo demonio romano, y no debes hacer nada para contrariarla. Soy Kanishka, Ksatriya del imperio Kushán y, como pronto serás tú, ¡un demonio Rakshasa!

Creo que por fin me voy a sentir como en casa.

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Vergilius Ambustus

Después de esa tres veces maldita fiesta de los damaichte* Julii, sus cultos y sus sonrisas que ocultan puñales casi sucumbí al ansia de la bestia que habita en mi interior. Cuando llegué a mi cubil estuve a punto de destruir lo poco que poseo. Solo la idea de hacerles pagar me permitió aguantar. “Pronto, pronto mi brùid*, bestia mía, pronto nos saciaremos en ellos y pintaremos nuestro cuerpo con su sangre”.

Pero antes hay tanto que hacer… Lo primero era conseguir lo que todos esos nobles de altas narices (supongo que para evitar oler su propio hedor) respetaban y entendían: oro.
Comencé a vender mis servicios de mercenario de manera continua. Con mi red funcionado a todos los niveles la sangre corrió por Roma..aunque siempre por un precio. Era importante labrarse un nombre si se quería que este llegase a las orejas de la nobleza. Mi habilidad innata para comunicarme con los animales me permitió acceder a una ventaja sobre mis victimas: gracias a los cuervos y a las ratas (mis confidentes preferidos) podía siempre tener un explorador que me preparaba a mi y a mis mercenarios para deshabilitar sus defensas y acabar el trabajo de forma impecable. Y si algún mercenario era lo bastante listo como para preguntarse como su líder podía conocer cierta información de antemano, siempre se escapa algún tajo mortal en toda refriega. Después de todo alguien tiene siempre que ir el primero.

Aumentando mi fama de cumplir los servicios fui llegando a los clientes nobles, siempre necesitados de alguien que se manchara la manos de forma que nunca les salpicara. Un esclavo huido, una afrenta que lavar, algo que sustraer de su indigno dueño actual, competencia a la que convencer de las maravillas de establecerse en Alejandría o Gadir…

Mi creciente habilidad de comunicación con los animales me llevó a ofrecerle a ese muc glasach* de Macellarius Corbulo un cuervo amaestrado como presente y demostración de “aprecio”, un hermoso y enorme corvis negro-azulado de mirada torva que esperaba le gustase sin tomarse el parecido personal con el carroñero demasiado a pecho. No sé si hizo mella en él ya que su desdén habitual hacia mi no dejó entrever sus verdaderos sentimientos aunque el desprecio estaba claro tanto si el obsequio era de su agrado como si no. Un pútrido Nosferatu mirándome a mi como si yo fuera mierda de buey bajo su sandalia! Juro que un día rajaré sus abultadas tripas y se las haré comer otra vez, a ver cuantas vueltas pueden dar.
Le dejé instrucciones para que su nueva mascota le sirviera de correo, de como hacerla anidar en sus dominios y de como enviarla a sus destinatarios de manera que volviera. Le dije que sería mejor que cualquier paloma mensajera, sobre todo porque mi amigo cuervo pasará primero por mis manos. Solo queda esperar a que ese gordo descendiente de putas estigias lo use.

Por otro lado conseguí por un precio elevado una espada de elaboración caledonia de los mejores artesanos. Su filo con forma de hoja de árbol y una decoración de nudos tallada en el metal a lo largo del espinazo y en la guarda la convertían en el regalo perfecto para mi próxima visita: Victrix.
Acudía con regularidad a los entrenamientos de gladiadora y trataba de entablar conversación con ella ya que era la única que parecía no proferir aversión directa hacia mi. Incluso la habitual incomodidad que me produce el hablar con los patricios en su lengua desaparece con ella. Intentaba buscar en nuestras conversaciones signos de hostilidad hacia sus antiguos amos, de rebelión por parte de otros Gangrels residentes y en general de algo que me permitiera discernir donde yacen sus lealtades. El tiempo dirá.

Fomenté el contacto con otros Gangrel primero debido a que prefiero trabajar con los míos que con mercenarios de otros clanes debido a una extraña afinidad a la hora de funcionar en el campo de batalla o sobre los tejados y callejones. Algo parecido a una manada… eso me llevó a pensar en la fuerza de nuestras sangres y si podrían tener un común denominador. Pagando a eruditos y a escribas he tratado de trazar una línea de sangre común, pero por ahora sin éxito.

Otro contacto que he fomentado todos estos años es con los cristianos. Después de mi primera reunión vi que ellos representaban una buena amenaza para los romanos. Fanáticos sedientos de mas sangre de la que su Señor les pueda dar, discutían abiertamente las leyes romanas… y eso me gustaba. Poco a poco fui siguiendo sus cultos y ofreciendo mis servicios especializados para ganarme su confianza como devoto seguidor del Único y así acceder a sus ritos y a sus reuniones, aunque aún no a las realmente privadas. Me unía en las conversaciones políticas atacando a la tiranía romana, a sus excesos pecaminosos y a su abandono a dioses demoníacos como la propia Cibeles. Una noche, después de invitar a los jarros de vino suficientes como para privar de sentido común a tres de “mis amigos” cristianos más exaltados, les convencí de esperar esa noche detrás de cierto edificio donde “por casualidad” sabía que iba a haber una misa cibelina hasta que unos pocos de sus fieles abandonaron el recinto y fueron brutalmente apaleados por mis buenos amigos. Como les gusta golpear a estos seguidores de Jessuf! No paran aunque su enemigo caiga al suelo, pida clemencia, sea mujer o incluso lleve muerto varios minutos de paliza. Un pago a los bastardos que me ofenden, aunque sean los propios dioses.

Respecto a mis compañeros vampiros, sigo con cuidado sus devenires. Cornelia es quien más me preocupa, por eso siempre tengo un ojo (o varios) sobre ella. Con la frecuencia que me permiten mis acciones mercenarias la visito con algunos presentes en telas, joyas, una hermosa y afilada daga para llevarla escondida y otras bagatelas.

Por ciertas situaciones mi camino se ha cruzado con Sextus pero por suerte no hemos tenido que darnos muchas explicaciones. Dudo que se encuentre a gusto en una legión cada vez mas falta de honor y majestuosidad, siguiendo los designios de gobernantes corruptos. Le hablo de la Guardia Germana, de como tuvieron que acabar ellos mismos con Calígula antes de que este destruyese el Imperio. La rebelión puede ser noble si es en defensa del Estado y si el enemigo el que gobierna. Dudo que tenga mucho efecto sobre él. No parece muy escrupuloso sobre a quien sirve o que hace para ganarse la soldada. Por otro lado, si lo que sigue es al oro, yo mismo empiezo a tener una buena colección.

Titus Severus. Cualquier escaso deseo de hablar con santo glotón se desvanece a la primera bocanada de su fétido aliento. Me gustaría saber que hará él si los cristianos se vuelcan en la destrucción de los infieles. Ya ha habido bastante revueltas en otras ciudades del Imperio con los cristianos llevando el fuego a los templos de los dioses rivales. Creo que si ocurriese en Roma y se viera amenazado, si yo llegase a saber algo de esto, se lo haría saber de inmediato a cambio de su lealtad. La furia de un Nosferatu es digna de ver… sobre todo desde lejos.

A nuestra princesita particular, Julia Aurelia, la he podido ver a menudo en las villas de mis patrones ocasionales, generalmente desde lejos ya que no soy una visita que al parecer guste ser presentada. Después de esa fiesta siempre me quedó la sensación de tener cierta deuda hacia ella, cosa que ansiaba quitarme de encima cuanto antes. La ofrecí mis servicios a precios reducidos e incluso le dí avisos cuando las misiones encomendadas tenían vínculos con ella. Una vez un estúpido pretendiente rechazado por ella me ofreció dinero por violarla yo o uno de mis hombres o todos a la vez, si el petimetre hubiera tenido ocasión de seguir fantaseando su venganza. En mi siguiente visita a Julia le llevé una cajita de cedro con su gogan*. Ahora mi sensación de deuda ha desaparecido y mis ratas campan por su villa ocultas, pero muy alertas.

Y a ti no sé por qué te cuento todo esto si no eres más que un cuervo. Ach, este albañil se había gastado toda su paga en vino! Pero ya está vacío. Hora de buscar otro, si puedo levantarme…

*damaichte: malditos
*brùid : bestia
*muc glasach : cerdo cebado
*gogan: polla

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Sangre que no sacia, pero alimenta mi esperanza
Viva en mi propia mortaja.

La noche me ha regalado un neblinoso manto que me oculta de la luz de la luna. Siniestros son los senderos que surco, pues mi destino no deseo mostrar a conocidos ni extraños. Intensos e inquietantes han sido estos meses y apenas he tenido tiempo de reflexionar sobre lo que estoy viviendo.

Mi vida ha cambiado desde que conocí a Epraxus. Aunque enigmático y reservado, me ha ayudado a formarme para entrar en el culto de los augures de Cibeles. He pasado de estar acompañado de prostitutas y hombres embrutecidos sin motivación a rodearme de personas cuyas inquietudes están altamente relacionadas con su estatus social. Al principio participar de los muchos recursos de mi culto me maravillaba, me hacía pensar que otro modo de vida era posible y mis pensamientos de esperanza me arropaban mientras dormía. No sé exactamente cuándo ocurrió, pero al cabo de unas cuantas fiestas el velo que cubría esas celebraciones cayó y la cruda realidad me fue mostrada. Políticos corruptos, mercadeando con la fe para conseguir mantener su posición o adquirir mayor poder. Ególatras haciendo abuso de su opulencia para marcar su territorio y provocar la envidia de sus detractores. Abusos a esclavos sin reparo alguno en sus sentimientos o deseos, en ocasiones provocando incluso su muerte. Un majestuoso árbol centenario de corteza gruesa y dura como el acero, pero repleto de carcoma y gusanos en su interior. El mundo al que pertenecía era inversamente proporcional al que ahora frecuentaba, miserable en su exterior, repleto de peligros y crueldad, pero algunas personas brillaban en su interior por su coraje, sensibilidad o altruismo. Es más sencillo divisar una perla en un mar de lodo y estiércol que hacerlo entre una montaña de baratas falsificaciones. Me consolaba encontrar alguna persona convencida de su causa, pese a tener conciencia de la situación en la que Roma se encuentra actualmente.

Durante un par de meses mi formación requirió de todo mi tiempo, apartándome de actos sociales. Me vino realmente bien centrarme en la religión y el ceremonioso ritual de la visión del futuro. Por primera vez en mucho tiempo me sentía en armonía conmigo misma y con el cosmos. Aprendí a observar el vuelo de las aves e interpretar sus mensajes. Me inicié en la práctica de sacrificios de animales para poder desentrañar los misterios del futuro que se adentraban en su interior.

Encontraba excitante y revelador la doctrina que estaba aprendiendo, pero mi interior se manifestaba inquieto y confuso. La primera vez que visité el ritual cristiano me produjo curiosidad. Su misericordia, el perdón de los pecados, la purificación del alma y la redención espiritual me aportaban algo que la religión pagana no me podía dar. Solamente contemplar esa posibilidad me llenaba de esperanza, y provocaba en mí un deseo irrefrenable de continuar aprendiendo más de sus rituales y dogmas.

Acudí por mi cuenta a varias celebraciones, oculta entre la multitud, como una feligresa más. Rehuía participar en los rituales activamente, pero observaba cada detalle con mucha atención. Las palabras del profeta llegaban tan claras que mi apagado corazón parecía latir.

Fue en la tercera visita cuando me lo encontré. Mi sobresalto fue tan elocuente como el suyo, y ambos nos esquivamos hasta el final de la homilía. Epraxus se me acercó sigiloso y me invitó a acompañarme fuera de los dominios de los seguidores de Cristo. Entonces me preguntó lo mismo que deseaba preguntarle yo a él. ¿Qué haces aquí? A lo que yo le respondí con honestidad, pero no con completa sinceridad. “Me encuentro aquí porque tengo curiosidad por entender los paradigmas de la religión cristiana. Creo que nos serán de utilidad en el futuro”. Él asintió con vehemencia. En sus ojos pude hallar el mismo brillo que constataba que sus intenciones y las mías eran más afines de lo que ambos queríamos reconocer. Jamás nos lo hemos reconocido abiertamente pero, ahora cuando vamos juntos, disertamos a cerca de los mensajes y conclusiones que nos producía la palabra de Dios. Cada sermón que escuchábamos era diseccionado y analizado interpretando hasta el más mínimo detalle. En ocasiones acudíamos a la mofa para trivializar afirmaciones tan categóricas que removían nuestras entrañas como el viento mueve las hojas caídas en una tarde de otoño.

Vergilius Ambustus me solicitó que le acompañara, pues él también sentía curiosidad. Decidí mantener al margen a Epraxus. La alergia de Virgilius por la pomposidad romana le hacía sentirse muy incómodo a su lado, y a mi amante tampoco le hacía muy feliz compartir sus escapadas con nadie más que no fuera yo, la discreción era vital para mantener mi relación intacta.

Así me encuentro ahora, serpenteando en la oscuridad como un susurro en la tormenta, no para cazar, pero sí para alimentar mis oídos de esperanza

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3. Sanctified Mass

Año 320.

Ha transcurrido el tiempo, y los personajes están cada vez más intrigados por el culto de los cristianos. Exiliados que ahora buscan refugio de las persecuciones de la superficie y no solo moran en la misma necrópolis que alberga a los Condenados, sino que han emponzoñado las mentes de algunos de ellos, y ahora tienen su propio culto.

Siguiendo una serie de pistas que habían conseguido, recorrieron las zonas más viejas e inseguras de toda la Ciudad Enterrada. Tas un laberinto de estrechos y retorcidos túneles, terminaron llegando a la sala donde se oficiaba la ceremonia.

Apenas una docena de vampiros se arrodillaba en la penumbra de la pequeña y austera sala. Las plegarias fueron cortas y el mensaje divino se dispensó veloz, pues la prisa es vital en estos tiempos de persecuciones y matanzas. El profeta, un deforme de mirada dura y fe inquebrantable, es conocido como Thascius Hostilinus, un devoto cristiano que predica el mensaje de amor y redención de su Dios con la fiereza y carisma de un general al que sus tropas adoran. Su más leal servidora y ayudante, Marciana Longina Rhetrix no le quita los ojos ni un solo instante durante la ceremonia. Es claro que entre los asistentes, la llama divina ha prendido en sus corazones.

Algunos como Sextus Petronius Aquilinus y Titus Severus se enfurecen al acabar la eucaristía y comienzan a increpar a los asistentes. Al final, las tensiones se van agravando pero la troupe prefiere abandonar la sala antes que terminar en un baño de sangre, aunque los ánimos han quedado muy encendidos en ambas partes.

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2. Dance of the Galli

Días más tarde tal y como habían acordado, acudieron a la invitación a la ceremonia a Cybeles.

Aunque Flaviana Galla actuaba como suma sacerdotisa, desde las cercanas sombras Epraxus se dejaba entrever como la poderosa figura masculina, el canal con los dioses.

sin dudarlo, Sextus Petronius Aquilinus, Titus Severus y Vergilius Ambustus (aunque éste sin mucho acierto) se unieron fervorosos al baile con hachas en honor a Cybeles, notaban la poderosa energía divina y el éxtasis de los fieles congregados. Cornelia Alba se acerco al enigmático Epraxus, aunque apenas pudo intercambiar unas palabras durante la ceremonia. Mientras, Julia Aurelia observaba atenta desde un balcón cercano.

Al terminar la celebración, aun húmedos del sudor de los bailarines y la sangre del toro ofrendado a la diosa, se acercaron para tener unas palabras con los líderes espirituales. Flaviana Galla desapareció antes de que pudieran abordarla, pero Epraxus intercedió como representante, y les ofreció unirse al culto. Además, les informó de que los servicios y profecías de los Augures debían pagarse, y que los dioses se mostraban más benevolentes con aquellos que hacían las mejores donaciones.

En las noches posteriores, Cornelia Alba se inició en los Misterios, y Titus Severus vio como su posición dentro del culto parecía ascender después de todo.

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